Sandra: "De nuevo soy dueña de mi vida"

25 Nov
Sandra

Sandra: "De nuevo soy dueña de mi vida"

Entrevista con una víctima de la violencia por parte de su pareja que ha recibido ayuda psicológica del Servicio Municipal de Atención a la Mujer del Ayuntamiento de Pamplona

Como cada 25 de noviembre volvemos a escuchar y leer cifras de mujeres que han sufrido violencia por parte de sus parejas. Y lejos de pensar que el problema cada vez afecta a menos mujeres porque creemos que tenemos más educación, más conciencia y más opciones para ayudar a las personas que padecen estas agresiones físicas o psíquicas, los últimos datos revelan que en Navarra las denuncias por violencia contra la mujer han crecido en un 17% en lo que llevamos de 2016 con respecto al mismo periodo del año pasado. En total, en estos nueve primeros meses del año, se han presentado 924 denuncias.

Y detrás de cada cifra, una situación personal. Una vivencia. O en el mejor de los casos una supervivencia, como la de Sandra (nombre ficticio para esta entrevista), de 45 años. Está divorciada y tiene un hijo de 13 años. Hemos hablado con ella para que nos cuente su vivencia.

¿En qué momento pidió ayuda al considerar que era una víctima de violencia de género?
Pedí ayuda en el Servicio Municipal de Atención a la Mujer del Ayuntamiento de Pamplona cuando tomé la decisión de divorciarme para salir de una situación que me resultaba insoportable. Fue después de un tiempo de reflexión tras valorar lo que había vivido y el daño que me había hecho.  El maltrato me afectó psicológicamente de una manera que me condicionaba la vida al tener que depender solamente de sus exigencias. Era él y solamente él, yo siempre a su disposición. Sólo tenía obligaciones, no tenía derechos ni necesidades y me hacia sentir culpable por todo.

¿Sintió que perdió la libertad de vivir como una persona libre?
Con cada cosa que hacía, siempre acababa pensando en cómo iba a reaccionar, con miedo para no contrariarlo y que la violencia fuera a más. No tenía libertad, controlaba mi vida, no podía ni hablar, ni opinar. El se sentía superior, me despreciaba, humillaba y perdí la confianza en mí misma. Para él no era nadie.

Tiene un hijo de 13 años. ¿Estos desprecios los realizaba delante de él?
La mayoría del maltrato lo hizo delante de nuestro hijo. Tenía miedo y me sentía responsable de que aprendiera a comportarse como su padre. No podía seguir normalizando ni disimulando lo que no era normal. Eso no era vida ni para mí ni para el hijo. Me sentí tan herida, dolida y anulada que no era ni yo misma, casi él me hizo dudar de lo que pensaba.Tenía mucha ansiedad, estaba muy triste, no dormía bien, me sentía sin energía.

¿Y qué le empujó a pedir ayuda?
Necesitaba entender como una persona que supuestamente me quería me podía hacer tanto daño. Yo no soy así. Necesitaba recuperar la alegría, la fuerza, sentirme como antes, volver a trabajar y poder disfrutar de nuevo de la vida.

¿Pensó muchas veces, antes de solicitar ayuda, que las cosas podrían cambiar?
Muchísimas veces. De hecho estoy muy tranquila por haber intentado todo por salvar el matrimonio. Al principio no sé si por dependencia emocional, porque lo quería o porque era el padre de mi hijo, quería que mi hijo tuviera una familia con un padre como se merecía,  porque me culpaba, porque yo disculpaba su comportamiento creyendo que él estaba pasando por un mal momento, fui esforzándome y dándolo todo para demostrarle que estaba ahí con él para lo que fuera. Quería que estuviéramos bien pero no fue posible.

¿Y él no cambiaba?
Cada vez él iba tirando más de la cuerda y terminé totalmente absorbida. El no se comprometía para nada. Era como nadar contra corriente. Cada vez me encontraba más agotada física y mentalmente. Había pasado mucho tiempo desde la primera falta de respeto que disculpé al creer que él había tenido un mal día. E iba viendo que no cambiaría, el maltrato psicológico iba en aumento y cada vez era más frecuente. Se convirtió al final en una forma de tratarme. Me preguntaba ¿cuándo cogeré la fuerza para dejarlo? Nunca veía el momento. Con la última agresión, esta vez física, dije ¡se acabó, no nos merecemos esto!

Una vez que solicitó la ayuda... ¿Se sintió  acompañada por los profesionales que le acompañaban? 
Sí. En mi familia, entre mis amistades y en mi vida nunca había conocido un caso de violencia de género. Tenía miedo a que no me iban a poder comprender en el dolor tan grande que sentía. Me parecía que lo que había vivido era tan tremendo, y lo era, que casos como el mío no existían y no me entenderían. Pero no fue así. Me vi muy arropada y sobretodo me sentí muy comprendida.

Y una vez que comunicó a sus personas de confianza que había pedido esta ayuda... ¿le entendieron y le apoyaron?
Lo que me resultó  muy duro fue contarles lo que siempre había estado ocultando o disimulando: que había sido víctima de violencia de género. En cuanto lo hice mi familia y amistades me apoyaron incondicionalmente para todo lo que necesitara. Yo tenía miedo en agotarlos con mis problemas, en hacerles sufrir al transmitirles mi dolor si compartía mi historia de violencia con ellos pero a la vez necesitaba hablarlo, expresar cómo me sentía y recuperarme del daño sufrido.  Vi pues, que necesitaba otro tipo de apoyo ajeno a la familia y que fuera profesional. En cuanto se lo comuniqué ellos lo entendieron inmediatamente y respetaron la decisión que había tomado.

¿Y su hijo?
Mi hijo quiere mucho a su padre. Había sido testigo del maltrato psicológico e incluso físico de su padre hacia mí y me apoyó. Tenía miedo a que se comportara como él y por eso me sentí responsable de sacarlo de ese ambiente para que no aprendiera de lo que estaba viendo. Al principio fueron muchos cambios para los dos, a los que hemos tenido que ir adaptándonos pero la tranquilidad, el poder hablar libremente entre nosotros, vivir sin miedo, sin gritos ni insultos, no tiene precio.

¿Qué le aportó la psicóloga al confesarle sus problemas? ¿Le fue fácil hablar y contarlo?
 Me fue muy fácil hablar al tener una persona que te escucha, entiende, te valora en todo lo que has hecho, te da mucha seguridad, tranquilidad, respeta las decisiones tomadas, ayuda a tomar otras,  reconoce la valentía que había tenido de poder haber salido de la violencia. Te hace valorarte. Te enseña a quererte más, a ponerte en primer lugar. 

¿Qué fue lo que más valoraba de la intervención psicológica?
Me sentía libre para poder hablar de lo que necesitaba en el momento. De mis síntomas, de mi hijo, del comportamiento de mi ex, que es especialista en complicarlo todo para seguir controlándome… Me enseñó a defender mis derechos, a decir “no” que es lo que más me cuesta, a poner límites, a hacer valer mi autoridad como madre, a saber qué es una relación de igualdad para que no me volviera a pasar lo mismo. 

¿Y poco a poco fue logrando tener más confianza?
El poder hablar de mis sentimientos, del sufrimiento,  ordenarlos, entender.. darle sentido a lo que he vivido... Me hacía pensar, reflexionar, sacar conclusiones. Me mandaba tareas.  Conforme iba recuperando la confianza, los síntomas iban desapareciendo o al revés... No sé. Lo que sí sé es que siempre salía de las sesiones con mucha tranquilidad, seguridad y confianza en mí misma que me ayudaba a enfrentarme a situaciones difíciles y también del día a día.  Bueno, menos una vez que salí muy revuelta y lloré mucho.  Me aconsejaba, me orientaba. Iba ordenando mi vida. Comprobaba que iba siendo más autónoma y no necesitaba tanto de los demás.

¿Considera que la figura de psicología cumple con lo que esperaba de su ayuda?
Sabía que era un centro especializado pero cumplió más de lo que esperaba. Cuando pedí ayuda estaba tan mal que pensé que no me recuperaría en mucho tiempo por eso lo que me sorprendió era cómo en poco tiempo iba mejorando día a día y recuperando mi vida.

Y volver al trabajo, en plenitud de facultades, ¿fue sencillo?
Yo creo que lo decisivo para mi recuperación fue cuando me vi capaz de volver al trabajo, que es de mucha responsabilidad y necesito mucha concentración. Pude comprobar de nuevo que sí era capaz y volví a sentir el apoyo de los compañeros de trabajo que son como mi segunda familia: El respeto, la comprensión, la discreción, el cariño…

 ¿Considera que lo sucedido ha conllevado algún aspecto positivo?
De la violencia sufrida desde luego que nada positivo. Para salir de ella y poder recuperarme he tenido que crecer personalmente y aprender muchas cosas. Me he dado cuenta de lo fuerte que soy y he sido y he aprendido a valorar mucho a la gente tan extraordinaria que tengo a mi alrededor. Ahora ya he recuperado todo lo perdido y tengo ilusiones nuevas. Puedo decir que de nuevo soy dueña de mi vida. Tomo y tomaré mis propias decisiones aunque me equivoque.

¿Quiere dejar algún mensaje a otras mujeres que puedan estar pasando por su situación?
Nadie tiene derecho a tratarnos tan mal. Hay salida a la violencia de género. No voy a negar que es difícil y duro porque partes de que estás muy anulada pero peor es seguir viviendo con ella. Lo fundamental es que tengan apoyos. A mí sin ellos me hubiera costado más. Si no tienen familia o amigos que acudan directamente a los profesionales que saben cómo hacerlo. Si el daño que han sufrido es muy grande, que no duden en pedir intervención psicológica. ¡Te puedes recuperar! Los maltratadotes, por mucho que lo prometan, no cambian. Y que no esperen a hacerlo solo por sus hijos. Que piensen primero en ellas.   

Javier Echávarri