Llegar a envejecer tiene sus peajes

Llegar a envejecer tiene sus peajes
"Llegar a la vejez parece un deseo compartido, a pesar de la contradicción en que incurrimos cuando ya estamos en ella. Es decir, queremos llegar y cuando estamos en este ciclo vital, nos quejamos de haber llegado porque contemplamos el progresivo deterioro de las funciones que corresponden al organismo completo. Todos desearíamos mantener en la vejez el vigor físico e intelectual propio de etapas anteriores. Pero no es posible, llegar tiene sus peajes.
Pese al estancamiento de algunas funciones o al incremento de dolencias de más o menos intensidad, la sociedad en que vivimos, este pequeño mundo que habitamos nos ofrece una serie de oportunidades para que en esta etapa de la vida mantengamos ilusión por aprender a vivir y capacidades para conseguirlo.
Los que ya hemos llegado, mujeres y hombres, llenamos espacios públicos donde se nos ofrecen ofertas de todo tipo a niveles de gratuidad o mediante cuotas dependiendo de los deseos y capacidades económicas de cada cual. Sin la presencia de la población jubilada de tareas y empeños anteriores, las inversiones en áreas culturales, deportivas y de ocio en general, serían mucho menores. Consecuencia de ello, los puestos de trabajo correspondientes a la facilitación de los servicios, disminuirían.
Se corre el rumor en estos tiempos que las y los jubilados somos seres privilegiados económicamente respecto a los jóvenes. No lo niego ni lo afirmo, pero también es una realidad que procedemos de muchos años de trabajo continuado y por lo tanto de cotizaciones al sistema público de seguridad social. La desigual situación económica impulsa a muchas personas que perciben pensión de jubilación a ayudar económicamente a sus familiares y a la solidaridad con los desamparados. El intercambio solidario entre los seres humanos facilita la convivencia.
Las personas jubiladas, muchas de ellas habituadas a trabajar por una sociedad más igualitaria, siguen en el empeño y no hay más que ver los diferentes espacios donde ejercen la solidaridad, tanto cerrados como públicos.
El cuidado propio es responsabilidad personal y merece la pena estar al día en lo que pasa por este mundo que parece que se derrumba, agudizando el sentido crítico para discernir. Nos toca cuidar la salud física y mental y ayudar a los próximos en el mismo empeño. Nos atañe aprender a escuchar a los jóvenes, a los que piensan diferente porque la deriva social a la que estamos llegando dista mucho de los modelos de comportamiento exigidos para una convivencia en paz y con dignidad".
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Carmen Izal Garcés
Colegio de Psicología de Navarra
N-00441