Mertxe Leránoz: “Las agresiones a las mujeres no son hechos aislados, sino un problema social”

24 Nov
Mertxe Leránoz

Mertxe Leránoz: “Las agresiones a las mujeres no son hechos aislados, sino un problema social”

La psicóloga y directora gerente del Instituto Navarro para la Igualdad analiza en esta entrevista la problemática de la violencia de género en la Comunidad Foral.

El viernes 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En Navarra se han preparado varias actividades para denunciar una realidad que lejos de convertirse en un vestigio del pasado sigue ofreciendo datos que muestran que aún queda mucho por recorrer. En lo que llevamos de 2016 en esta Comunidad las mujeres presentan tres denuncias al día por sufrir violencia. Y los expertos creen que solo florece un 20% de las situaciones que podrían ser denunciables. Mertxe Leránoz nos lo cuenta en esta entrevista.

¿Cómo se va a conmemorar este día en Navarra?
Desde el Instituto Navarro para la Igualdad (INAI) hemos preparado una campaña con el doble objetivo de, por un lado, sensibilizar a la ciudadanía en el rechazo de la violencia contra las mujeres y, por otro, realizar un trabajo de información sobre los recursos y prestaciones en materia de violencia contra las mujeres, poniendo una especial atención en las jóvenes. Para ello se han editado tres folletos que refuerzan el símbolo de la mano lila: Uno va dirigido a las mujeres en situación de violencia de género o en riesgo de poder estarlo; un segundo va dirigido a la juventud explicando qué es una relación sana; y un tercero explica el servicio de atención jurídica a las mujeres.

¿Se va a realizar alguna actividad en las calles?
Hemos preparado un soporte móvil que se llama “Espacio Navarra dice no” que se desplazará durante los días de alrededor del 25 de noviembre por las principales poblaciones de la Comunidad: Tudela, Estella, Tafalla, Elizondo, Alsasua, Sangüesa y Pamplona. Ahí habrá siempre personas que podrán orientar de forma adecuada a las mujeres que se acerquen solicitando información. Además, el mismo día 25 con los periódicos regionales se entregará un folleto general y se realizará una concentración institucional en el Palacio de Navarra a las 12.00 horas.

¿Qué porcentaje de mujeres solicitan ayuda por ser víctimas de violencia de sus parejas?
Según los datos que tenemos de 2015, el 12,5% de las mujeres de 16 o más años ha sufrido violencia física y/o violencia sexual de sus parejas o exparejas en algún momento de su vida. En concreto, el 2,7% de las mujeres lo sufrieron en 2015.

¿Y estos datos muestran un  incremento o un descenso en el número de casos?
Si tenemos en cuenta las denuncias de este año, con datos hasta septiembre, ha habido un aumento del 17% en el número de denuncias por violencia contra las mujeres. Se han presentado 924 denuncias, lo que supone tres al día. Esto significa que ha habido un ligero repunte que habrá que analizar con mayor perspectiva. No obstante, estos datos solo son la punta del iceberg, ya que sabemos que representan en torno al 20-22% del total de mujeres que sufren violencia.

¿Es más complicado denunciar la violencia psicológica?
A la hora de denunciar se detecta más la violencia física. De hecho, hay otros tipos de violencia que son más difíciles de reconocer y nombrar, como la violencia sexual dentro de la pareja y la violencia económica. Si nos referimos a los datos, en 2015 en Navarra la violencia física y psicológica, conjuntamente, aglutinan el 63% de las denuncias. Pero cada vez se empieza a tener en cuenta el maltrato o violencia psicológica, incluso en el ámbito judicial. Un dato que nos parece muy significativo es que el 100% de las mujeres atendidas han sufrido violencia psicológica. En todas las mujeres está presente, ya que para cuando se llega a la violencia física siempre hay previamente violencia psicológica.

¿A partir de qué momento se puede hablar de violencia psicológica?
La violencia psicológica se define como cualquier conducta verbal o no verbal, como las amenazas, las coacciones, las humillaciones o las vejaciones. La exigencia de sumisión, el acoso, la coerción o los insultos que produzcan en la mujer algún tipo de sufrimiento, desvalorización, aislamiento o limitaciones de su ámbito de libertad. Por lo tanto son aquellas conductas destinadas a degradar o controlar las acciones, comportamientos, creencias y decisiones de otras personas y que producen sufrimiento, desvalorización y malestar psicológico.

¿Qué se está haciendo desde las instituciones para poner fin a este problema?
El año pasado se presentó el proceso de elaboración del plan de acción de desarrollo de la Ley Foral 14/2015, que lo acaba de aprobar el Gobierno de Navarra y por el que dispondremos de 22,5 millones para actuar contra la violencia machista para el periodo 2016-2021. En este plan han participado todos los sectores implicados (supervivientes, administraciones, colectivos profesionales, entidades sociales, movimientos asociativos y el Consejo Navarro de Igualdad) y pretende ofrecer una respuesta institucional frente a la violencia contra las mujeres.

Cuando se habla de violencia contra las mujeres, muchas veces los medios de comunicación se quedan con el número de víctimas mortales. ¿Es una banalización del problema hablar de esta forma?
Nunca hablando de víctimas mortales, que son mujeres que han sido asesinadas, se puede banalizar, pero sí que hay que hacer una lectura global de la realidad tan flagrante que afecta a tantas mujeres. Y no nos podemos quedar ahí.

En Navarra hemos tenido dos casos especialmente mediáticos. En 2008 el caso de Nagore Laffage y en 2016 los presuntos violadores de una chica en San Fermín. Que se hable desde los medios de estos casos en concreto, ¿ayuda o entorpece para combatir el problema de fondo?
En relación a la violencia contra las mujeres, indudablemente, los medios de comunicación contribuyen a visibilizar la violencia hacia las mujeres socialmente, pero es importante el abordaje que se haga de este tipo de noticias. Sin ninguna duda, casos como el de Nagore Laffage han marcado un antes y un después, como lo ha sido la denuncia de violación en grupo a una joven estos Sanfermines, tan mediática y que está pendiente de juicio. Todo esto está sirviendo y se está dando un salto, al igual que en su día ocurrió con el maltrato en la pareja por el caso de Ana Orantes, y se está empezando a considerar las agresiones sexuales no como hechos aislados sino como un problema social. Esto que lleva años diciendo y reclamando el movimiento feminista, está empezando a calar en la sociedad y, muy importante y relevante, en las propias mujeres. No sólo es algo que me pasa a mí sino que trasciende y es algo que nos pasa a toda la sociedad y especialmente a esos hombres que todavía creen que el cuerpo de las mujeres les pertenece. 

¿Se trata este problema con respeto desde los medios?
Una cosa es con respeto y otra con la necesaria  diligencia y atención. Considero que todavía falta mucho. Como he dicho antes y desde el punto de vista de que sirve para hacer visible y nombrar, si se nombra bien puede ayudar a combatir ya que, siendo el ejercicio del periodismo ante todo una tarea de selección y jerarquización de hechos de la realidad para convertirlos en noticia, el rol de periodista es determinante para inducir pautas de reflexión, comportamiento y acción en la sociedad, por lo que su responsabilidad social es fundamental a la hora de procesar la información.

Sin embargo,  demasiadas veces se pone mayor énfasis en los detalles de las situaciones violentas, con una retórica cercana al sensacionalismo, que en desarrollar las condiciones sociales que posibilitan tales prácticas y las estrategias para transformarlas. Siguen persistiendo abordajes basados en considerarlos como hechos aislados y desde la personalización de los casos, desconectados de las condiciones estructurales de desigualdad de género.

¿La sociedad tiene más sensibilidad en este tema con respecto a otros años?
Sí, antes nombrabas a Sanfermines y lo vimos claramente en los de este año, cuando hubo una respuesta de la ciudadanía firme y contundente, mostrando una posición activa de su rechazo más absoluto hacia la violencia sexista. Como he comentado antes, los casos de Nagore Laffage o la violación colectiva denunciada este año han sido determinantes y están generando que la sociedad está más sensibilizada y concienciada, que se está avanzando en la consideración de este tema como un problema social que nos afecta a toda la sociedad.

Los casos de falsas denuncias, aunque sean proporcionalmente pequeños, ¿suponen un retroceso en las acciones contra la violencia de género?
Sin ninguna duda, porque además el problema no son las falsas denuncias sino el uso que se hace de ellas, ya que en todos los delitos hay falsas denuncias pero en ninguno salen como en este tema. Siendo, por cierto, un índice bajísimo tal y como lo reconoce el propio Consejo General del Poder Judicial y la Fiscalía General del Estado, entidades más que reconocidas en este tema. La propia Fiscalía especializada en Violencia sobre las mujeres aseguraba en su memoria del 2015 que el porcentaje de denuncias falsas fue del 0.0015%. Y señalaban que este escasísimo porcentaje es suficientemente elocuente para rebatir voces que se alzan en torno a la prevalencia de las denuncias falsas en esta materia. Sin embargo, se sigue utilizando esto para poner en duda, cuestionar y polemizar sobre la violencia de género y, en definitiva, a las mujeres.

¿Se ha avanzado en la educación de los más pequeños para hablarles de estos temas?
Se está avanzando en este tema, pero esto no significa que quede poco por hacer. La clave para prevenir las violencias contra las mujeres sigue siendo trabajar por la igualdad y el cambio de valores. Por ello el eje fundamental es la prevención, cuyas estrategias deben ser holísticas e incluir múltiples intervenciones realizadas en paralelo para lograr efectos duraderos y permanentes. Para ello, hay que involucrar a muchos ámbitos y sectores y, cómo no, al ámbito educativo desde la educación en igualdad a través de la coeducación. Ni que decir tiene que tenemos que aunar sinergias y sumar iniciativas para tener un efecto multiplicador para avanzar, en definitiva, al derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencias.

Javier Echávarri